miércoles, 30 de abril de 2008

92. Los olvidados

A lo largo de mi vida me he olvidado unos cuantos paraguas. La semana pasada me acordé de todos ellos. De pronto, me vinieron a la mente: estaban todos, hasta aquel paraguas de Tigretón de cuando era niño. Había ochenta y dos, y me miraban acusadores.

martes, 29 de abril de 2008

91. Otro juego

Éste es un videojuego. Se llamaría Sudokutris, y consistiría en una serie de piezas bidimensionales que irían cayendo. Cada una de ellas estaría compuesta por cuadraditos, y cada cuadradito tendría un número del uno al nueve. Las piezas se podrían ir moviendo hasta que cayeran sobre otras piezas. Una vez formada una línea de nueve cifras, todas diferentes, dicha línea desaparecería; de lo contrario, se añadiría un nuevo piso a una construcción que, cual torre de Babel, estaría condenada al desastre una vez alcanzado el cielo. Por supuesto, tampoco lo voy a patentar. Me doy cuenta de que éstos son los típicos frenos del escritor que se resiste a acabar su obra (y eso que aún no llevo ni una décima parte). Lo que debo hacer es ignorar estos frenos, o dejar que la obra los asimile; de lo contrario, no terminaré nunca. ¿Acaso Verne habría escrito todo lo que escribió si se hubiera dedicado a patentar todas las cosas que se le ocurrían? Por no hablar de Edison: alguien que patentó más de mil inventos tuvo que haber sido un escritor frustrado.

lunes, 28 de abril de 2008

90. El juego que me podría hacer millonario

Acabo de inventar el Sudokubo. Es como el tradicional cubo de Rubik, pero las piezas, en lugar de colores, tienen números del uno al nueve. Debería patentarlo, pero ahora estoy muy ocupado escribiendo un libro con mil diecisiete cuentos, y todavía voy por el noventa. Cuando haya llegado al 1.017, seguro que alguien se me habrá adelantado y habrá ganado más pasta que la autora de Harry Potter. Por eso espero que este libro sea un best seller que también me haga millonario, o de lo contrario me daré mil diecisiete cabezazos contra un muro, uno por cada cuento.

domingo, 27 de abril de 2008

89. Paco Martínez Soria

—Ésta es la peor semana de mi vida. —Con estas palabras ha descrito la supermodelo Cati Molls la situación que está viviendo estos días.

Todo empezó el pasado lunes, cuando el periódico sensacionalista L’Espill publicó unas fotos de la modelo en las que aparecía leyendo un libro.

—No volverá a suceder —declaró Molls. A pesar de su visible arrepentimiento, ya son varias las firmas que han decidido rescindir los contratos que mantenían con la modelo.

sábado, 26 de abril de 2008

88. El enigma de la Esfinge

A D.Z.


—¿Cuál es el animal —preguntó la Esfinge— que al amanecer tiene cuatro patas, al mediodía tiene dos, y al anochecer tiene tres?

Edipo permaneció un rato pensativo. Luego dijo:

—Macizorra.

viernes, 25 de abril de 2008

87. Bisbal*

Los obispos están estudiando la posibilidad de desaconsejar la lectura de un cuento. Su título es “Obispero”.

* En catalán en el original.

jueves, 24 de abril de 2008

miércoles, 23 de abril de 2008

85. Introducción a la teoría del piropo

Está científicamente comprobado. Si la gente aguanta ocho horas de trabajo diario es gracias al coqueteo. Lo hacen todos: el oficinista con la oficinista, el director con la directriz, el frutero con la verdulera, el cura con la beata, el legionario con la cabra, el atracador con la rehén, el gobierno con la oposición. Y viceversa. El problema lo tenemos aquí, en la obra, donde las oportunidades de coqueteo son escasas. Aunque se han hecho algunos experimentos al respecto, todos han fracasado estrepitosamente. Pero, de esto, mejor no hablar. Ahora surge la pregunta: ¿cómo podemos soportar las largas y duras jornadas laborales, si no tenemos la oportunidad de practicar el coqueteo? La respuesta es simple: gracias a que disponemos de una variedad mutante y unidireccional del mismo. Me estoy refiriendo al piropo. Bueno, en realidad también puede ser bidireccional, que es cuando viene acompañado de una respuesta, aunque esto constituye más una anomalía que otra cosa. El piropo es, en fin, lo que hace que nuestro trabajo sea tan soportable como el de cualquier hijo de vecino (practicante del coqueteo con cualquier hija de vecina). Sin embargo, no es nada nuevo. Poca gente sabe que el piropo lo inventaron los antiguos egipcios, que estaban más adelantados que nosotros. Aunque ellos trabajaban en condiciones aún más adversas, porque lo hacían en el desierto, y por allí no pasaban muchas mozas: éstas se quedaban en el río, echando moiseses. Pero los egipcios, que estaban llenos de recursos, construyeron las esfinges. De este modo, mientras levantaban pirámides, podían ir soltándoles lindezas. Macizorra, y esas cosas.

martes, 22 de abril de 2008

84. Homenaje a Orwell

En 1938, George Orwell publicó su Homenaje a Cataluña.

Sesenta y pico años después, un grupo de agradecidos catalanes colocaron cámaras de vigilancia en la plaza George Orwell de Barcelona.

lunes, 21 de abril de 2008

83. ¿Puede un cuento ser más corto que, por ejemplo, “El dinosaurio”, de Augusto Monterroso, si su título es más largo que, por ejemplo, el de

'Viajes a varias remotas naciones de la tierra (en cuatro partes). Por Lemuel Gulliver, primero oficial médico, y luego capitán de varios barcos', popularmente conocido como 'Los viajes de Gulliver', de Jonathan Swift?

—No tengo ni idea —dijo ella.

82. El sueño de la mariposa

La mariposa soñó que era una oruga. Al despertar, no sabía si era una mariposa que había soñado que seguía siendo una oruga, o si seguía siendo una oruga con delirios de mariposa.

domingo, 20 de abril de 2008

81. Ex exorcista

¿Satanás? Satanás es como Lost in translation: está sobrevalorado. Tuvo su momento, no digo que no, pero ahora mismo es un cazador de mamuts. ¿Qué pinta un cazador de mamuts en la era de Bush? Si fuera al revés, tendría más sentido… Era un chiste. Bueno, a lo que iba. El Demonio sigue haciendo de las suyas, claro, pero a pequeña escala. Alguna posesión de vez en cuando, para no perder la costumbre, nada serio. Yo lo veo un poco como a Al Pacino en Tarde de perros, ¿sabes de cuál te hablo? En fin, un pobre diablo. Y aquí intervengo yo. ¿Un exorcista? No, exorcista, no… A ver, empecé en esto como exorcista. De hecho, tengo muchos amigos exorcistas, y es un trabajo muy digno… para el milenio pasado. Pero yo lo he dejado. Ahora soy un negociador. Un exorcista usa la fuerza. Un negociador usa la retórica. Y mucha psicología. ¿Sabías que Lucifer tiene complejo de Ícaro?

80. Curriculum vitae

Veo aquí que has encadenado a Cerbero en los Infiernos; que has trabajado en el jardín de las Hespérides; has robado el ganado de Gerión; te has apoderado del tahalí de Hipólita; también has estado con Diomedes y…, ¿qué tal Diomedes?, hace tiempo que no…, ah, lo mataste; también has capturado al toro de Creta; has limpiado los establos de Augías; has exterminado los pájaros del Estínfalo; has cazado al jabalí del Erimanto; etcétera, etcétera, etcétera. Bien, bien… Realmente, tienes un currículo impresionante. Y muy bien redactado. En un griego correcto, sin faltas… Por cierto, ¿qué tal vamos de latín? Porque, como ya debes de saber, el latín es la lengua del futuro.

sábado, 19 de abril de 2008

79. Nadie

Odiseo contempló impotente cómo Polifemo se merendaba a uno de sus hombres.

—No somos nadie.

78. El augur II

—El talón de Aquiles de Aquiles es el talón.

Aquel augur era muy bueno interpretando el vuelo de las aves. Lo que no se le daba tan bien era interpretar la mímica de los soldados, que le indicaban que se callara la boca o de lo contrario se verían obligados a rebanarle el cuello.

77. Acto V, escena IV

Los actores hicieron mutis por el foro. Aquella misma noche, montaron una fiesta por el foro. Brindaron por el foro. Y, como una cosa lleva a la otra, fornicaron por el foro. Ocho meses después, se casaron por el foro. Lo último que hicieron fue morir por el foro.

viernes, 18 de abril de 2008

76. Los franceses

Algunas noches ve a los franceses. Los ve desde la ventana de su cuarto, en el bosquecillo que hay detrás de casa. Sabe que son franceses porque hablan raro.

El abuelito le contó que, hace muchos años, allí mismo hubo una guerra. La gente del pueblo había luchado contra los gabachos, que es como llama el abuelito a los franceses. Los del pueblo ganaron la guerra y mataron a los franceses, que es lo que se hace en las guerras cuando alguien gana, y aunque no gane.

Lo que el abuelito no sabía es que no los habían matado a todos. Algunos todavía siguen ahí, en el bosquecillo que hay detrás de casa. Los ha visto desde la ventana de su cuarto.

Papá dice que los franceses viven en Francia, que es otro país. Pero él ha visto a los franceses que viven en el bosquecillo. Eso quiere decir que el bosquecillo es Francia. Otro país.

Si viviera en otro país, papá y mamá no podrían castigarlo. Él podría salir de su cuarto cuando le diera la gana, aunque no hubiera acabado los deberes. Pero su cuarto no es Francia, porque él no es francés… o sí. La abuelita decía que a él lo había traído de París una cigüeña. Y mamá dice que París es una ciudad que hay en Francia. Entonces, si él es francés y los franceses viven en Francia, su cuarto es Francia.

Esta noche ha vuelto a mirar por la ventana. No ve a los franceses, pero están ahí. Siempre están ahí.

Está castigado, pero nadie le ha dicho que no abra la ventana. Lo que le han dicho es que no salga de su cuarto. Pero no tiene por qué hacerles caso. Puede salir. Siempre dentro de Francia, claro.



Se ha hecho daño al saltar. Pero no importa. Puede andar, y el bosquecillo está ahí mismo. Se ha hecho daño, pero no pasa nada. Cuando llegue al bosquecillo, los franceses lo curarán porque son médicos. Los vio la otra noche, que tenían unas jeringuillas.

No le dan miedo las jeringuillas.

jueves, 17 de abril de 2008

75. Fumata negra/Fumata blanca

Ni blanca ni negra. Hacía días que la ajada chimenea no expulsaba la tan ansiada humareda.

Cuando al fin salió la fumata, no lo hizo por la chimenea. Salió por debajo de la puerta, en delgadas volutas que se atropellaban lentamente.

—Es negra —dijo alguien.

74. El actor más guapo del mundo

Estaba a punto de casarse con el actor más guapo del mundo, y todavía no se lo creía. No era guapa, ni rica, ni tenía buena conversación. Ni siquiera estaba embarazada. ¿Por qué, entonces? ¿Qué había visto en ella?

El amor es ciego. Pero el actor más guapo del mundo no lo era. Él tenía una vista de lince.

El hecho de que se conocieran desde niños no debería bastar.

Tenía que haber algo más.

El amor es ciego.

Sí, el amor es ciego, pero no es gilipollas.

¿Por qué?

El amor es ciego.

A no ser que…

El actor más guapo del mundo no era el mejor actor del mundo. En realidad, era un actor bastante mediocre. Los directores no se lo tomaban en serio. Ni los directores ni nadie. Hasta su madre (su propia madre) le decía que jamás iría a verlo actuar.

Pero era el actor más guapo del mundo. Y allí estaba. En el altar, delante de toda su familia y sus amigos. Delante de su madre.

Estaba a punto de casarse con un actor al que nadie se tomaba en serio.

La madre del actor estaba llorando.

El actor más guapo del mundo sonrió, satisfecho.

miércoles, 16 de abril de 2008

73. Niño Pedo

Hay niños que nacen con un pan bajo el brazo. Él no, pero casi. A los tres años se convirtió en el protagonista absoluto (con permiso del ambientador) del anuncio de un ambientador. A sus padres les vino muy bien, y les permitió pasar unas merecidas vacaciones en Torrevieja, Alicante, mientras dejaban al niño al cuidado de su abuela. Al mes siguiente, el niño empezó a ir al colegio. Para entonces, el anuncio se había convertido en un éxito sin precedentes, y el niño era una auténtica celebridad entre sus compañeros. Hasta le pusieron un mote: Niño Pedo. Podía haber sido un mote cariñoso, pero los niños son muy crueles; algunos profesores, también. El niño les suplicó a sus padres que quitaran el anuncio de la tele, pero ellos le dijeron que no podían hacer nada; que habían firmado un contrato por dos años.

Dos años después, la empresa anunciante quiso renovar el contrato; los padres del niño se negaron. Los gerentes de los ambientadores insistieron, pero no hubo manera de convencerlos. La reacción de los padres era comprensible: su hijo les había hecho prometer que no renovarían el contrato; además, no les iba nada mal económicamente: la madre había escrito un libro en el que relataba sus experiencias como madre de una estrella de la televisión; el libro se había convertido en un best seller y ella, en una escritora casi tan famosa como su propio hijo; ahora estaba enfrascada en la redacción de Gandulfito Pérez, una serie de libros infantiles sobre un niño prodigio del cine español que, además, es aprendiz de brujo.

El anuncio dejó de emitirse. En su lugar, pusieron otro que era exactamente igual, pero con otro niño. La reacción del público fue instantánea: hubo manifestaciones de gente exigiendo la reposición del anuncio original. Incluso amenazaron con boicotear a la editorial que publicaba los libros de Gandulfito. Ante estas presiones, no tardaron en reponer el anuncio original; el niño ya tenía casi seis años, edad suficiente para comprender que sus padres necesitaban mantener el nivel de vida que habían llevado en los últimos dos años (toda una vida). Pero en el colegio lo seguían llamando Niño Pedo.

En el instituto, también. Mientras sus amigos tenían novia, o se esforzaban por tenerla, o fingían que la tenían, él era Niño Pedo. No importaba que le hubieran aparecido pelos en regiones hasta entonces áridas: para todos seguía siendo el niño que se tiraba pedos en un anuncio.

Y así fue hasta que tuvo edad para hacer la mili. Rezó porque le tocara lejos, bien lejos. Le tocó Canarias. Allí también conocían el anuncio, claro, pero nadie sabría que él era (había sido) el niño protagonista. Ahora iba a empezar una nueva vida, lejos de las burlas de todo el mundo.

—Hola, soy Paco.

Su compañero de litera tenía acento andaluz y cara de buena gente. Con toda probabilidad iban a ser buenos amigos.

—Hola, soy Godofredo —contestó él.
—Godofredo —repitió Paco—. Godofredo, cara pedo.

72. Cornada intensiva

—Quiero ser torero. ¿Me pasáis la sal?

Su padre le pasó la sal. Su madre, no: al contrario, ella misma parecía haberse convertido en una estatua de sal.

La buena mujer se recuperó, pero no se volvió a hablar del tema.


Meses después, fueron a pasar unos días en el pueblo. Estaban los tres apoyados en una cerca, viendo unos toros, cuando los padres le dieron un empujón.

Uno de los toros más bravos se abalanzó sobre el muchacho y lo empitonó hasta el fondo.

La sangre brotaba a borbotones, y el toro seguía ensañándose.

El chico se volvió hacia sus padres y, entre estertores, les dijo:

—Me parece que ya nunca podré conducir una carretilla elevadora.

martes, 15 de abril de 2008

71. La Dama de la Torre Blanca

La Dama Blanca vive en su torre de marfil, donde todo es blanco. Hasta tiene un ajedrez con sólo piezas blancas (por eso siempre gana). Los criados son albinos, como ella.

Sin embargo, todas las noches, la Dama Blanca tiene pesadillas negras, negrísimas. No importa que duerma con mil candelabros encendidos y los ojos abiertos de par en par.

La torre de marfil está construida sobre un antiguo cementerio de elefantes.

70. Otro tipo de restaurante

—Pues yo —dijo el otro— también monté un restaurante. Le puse en el hilo musical un mensaje subliminal que incitaba a la gente a comer sin parar.
—¿Y funcionaba?
—Vaya si funcionaba. El problema es que era un bufé libre.

lunes, 14 de abril de 2008

69. Un absurdo

Madre, yo no quiero ser torero. Yo quiero ser absurdo, entrópico, serendípico, un animal irracional, un cuadro clínico, patológico, flamenco y surrealista. Quiero ser un reloj blando con hormigas que me hagan cosquillas en las manecillas, sobre todo en la izquierda. Quiero ser abzurdo [sic]. No quiero ser diestro.

68. Juegos reunidos

—¿Pero es que no te das cuenta de que está jugando contigo?
—Sí, claro que me doy cuenta —respondió la Antorcha Humana—. Pero está jugando con fuego.